Mi Papa



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 Mi papa


Mi padre nació en la ciudad de Buenos Aires. Su familia estaba compuesta por su mamá, mi bobe Cecilia Cuperman, su papá , mi seide Abraham Keselman. Eran siete hermanos: Shajale, Melito, Moises (mi papá) y Dario. Sus hermanas: Fany, Adela y Elisa.


Vivían en una gran casa en la calle Chilavert del barrio de Boedo en Buenos Aires.Casi todos los domingo, prácticamente toda la familia se reunía allí


Papá, se parecía a mi Bobe Cecilia y yo a él.

De altura mediana, pelo castaño, calvicie en progreso, como mi sheide Abraham, yo también lo heredé 


Su rostro, lucía desde joven, un espeso bigote, que me pinchaba cuando me besaba.

Era delgado y fuerte aunque tenía un abdomen algo voluminoso Seguramente a causa de su tendencia a comer más de lo que necesitaba.


Su aparente buena salud, le permitía realizar tareas en las que debía esforzarse físicamente.


Su defecto más notorio, fue su  problema auditivo, que también herede. Tras ser operado no se soluciono.

Nunca quiso utilizar audífonos, eso complicó su comunicación con las personas, principalmente en su entorno familiar más íntimo.

A pesar de ello, pudo corretear ferreterias y atender el negocio de bazar y menaje.


Sabía leer y escribir por lo que debe haber recibido instrucción escolar básica.

Se que eramos lo mas importante para él, a su manera, lo demostraba.

Adoró a sus nietos y ellos a él. 


No se si fue una cualidad o un defecto, pero su vida era muy simple y rutinaria.

Solo se interesaba por su familia, su pasión futbolera y, principalmente, su querido San Lorenzo de Almagro.


Yo jugaba como aficionado al fútbol desde chico, compartimos ese interés. viendo partidos por televisión e inclusive a veces, lo acompañaba a la cancha de San Lorenzo.


Como se hizo amigo del control de entrada de la tribuna baja de socios vitalicios, nos dejaba entrar sin carnet. Estabamos ubicados muy cerca de la boca del túnel donde salían y entraban los jugadores y equipo técnico. Casi los podíamos tocar.

No tuve opción y me hice hincha.


Cuando compraron el negocio en el barrio de La Paternal, a cinco cuadras estaba del estadio de Argentinos Juniors Se convirtió en simpatizante, pero su amor incondicional, seguía siendo San Lorenzo.


Una cliente del negocio, vivía justo enfrente de la cancha de  Argentinos Juniors. Su casa, tenía una terraza donde se podía ver una gran parte del campo de juego, el arco más cercano no se veía.


Muchas veces lo acompañe a semi-ver partidos gratis.

Viviamos en el barrio de Caballito, el negocio quedaba en La Paternal, Viajabamos todos los días en el camioncito hasta allí. 


Pasábamos todo el día en el local. Era más cómodo para todos que yo estudiara en un colegio cercano. Cursé todo mi primario en una escuela que quedaba a una cuadra.


Durante mi infancia, mi relación con él fue normal y placentera.

En mi adolescencia, comencé  a interesarme en otras cosas. No tenía temas para compartir con él y me distancie.


Conociendo sus limitaciones, lamento no haber tenido la paciencia que él necesitaba de mí.

A veces, él quería saber de qué hablábamos Su sordera lo apartaba. Pedía que le repitiera y yo me negaba.

Casi nunca le preguntaba nada, solo hablaba con mi mama.


Su bondad, de la que nunca dudé, no era suficiente para mi en esa etapa de mi vida. Necesitaba a un verdadero padre y él no podía serlo.


Quedo en mi memoria una situación traumática que ocurrió en mi niñez.

Viajamos a Necochea de vacaciones en familia, mis padres escucharon que Perón estaba de visita en Mar del Plata.

Fuimos hasta allí, solo para verlo, a ellos les interesaba, por curiosidad.


Era de noche, había una muchedumbre. Nos rodeaban fanáticos con sus cánticos, ruidosos bombos, otros llevaban banderas de Argentina y del partido Justicialista.


Mi papá se separó de nosotros, un movimiento extraño de gente que corría  hacia la avenida, nos atrajo. Mi mamá nos llevó de la mano para ver qué pasaba allí. Al llegar, quedamos estupefactos, mi papá estaba tirado en el suelo. Lo había atropellado un automóvil.


Aun consciente, lo ayudaron a levantarse, daba la impresión que  solo un sopetón. Nos vio preocupados y empezó a decir, “no me pasó nada”, “no fue nada".


Nos volvimos a Necochea, a la mañana siguiente dijo que no quería ir a la playa,que fuéramos solos.

Me acerque, le pregunte si le dolia la pierna, asintió con la cabeza, se destapo y quede horrorizado  al ver tremendo moretón negro que le cubria casi todo el muslo.

Como siempre, se negó a ser atendido por un médico.


Le gustaba el tango, de soltero, iba a los salones de baile en los que había orquestas, principalmente donde actuaba Juan Darienzo, ya que era fanático de su música y su particular forma de dirigir la orquesta. Pasaba casi todo el tiempo parado al lado del escenario para verlo de más cerca.


Si bien acompaño a mi mama en algunos viajes, prefería quedarse en su casa cuidando el negocio y sus canarios.


Cuando terminaba su día de trabajo, regresaba a casa. Después de cenar, se sentaba frente al televisor. Acompañándose con una copita de  licor alcohólico Doble V, prendía un cigarrillo Chesterfield y, se lo fumaba tranquilamente con placer, disfrutando el momento.

Nosotros íbamos y veníamos pero él seguía en lo suyo.


Cuando nos fuimos a vivir a Bariloche, mi mamá pasaba bastante tiempo con nosotros.

Mi padre. cuando venía, lo hacía  por poco tiempo.


Un día, hablando con él por teléfono, me dijo que se sentía muy solo. Lo invité a venir un tiempo con nosotros y así lo hizo.


Cuando decidimos tener un hijo nacido en Bariloche, a los ocho meses de embarazo, le pregunté a mi mamá si podía venir a ayudarnos y aceptó. Mi papa, no quiso venir con ella , dijo que vendría después que naciera.


Mi hermano Quique, vivía en Buenos Aires, periódicamente hablaba por teléfono con papá.


Estando con mi madre en el negocio de Bariloche, llama mi hermano por teléfono.

No era habitual que lo hiciera por ello, me sorprendió y preocupó. Sollozando me dice: “papá se murió”. 

Me quedé en silencio un instante, mamá no dejo de mirarme, quería saber qué pasaba. Tenía temor de decírselo,  por cómo reaccionaría.

Se sentó y comenzó a llorar en silencio, presentía un drama en ciernes.


Le pregunto a Quique, ¿qué pasó ?. Lo llamé por teléfono varias veces, me dijo, como no contestó, fui con Martin (mi sobrino de 7 años) a ver.


El negocio cerrado con las persianas bajas, entre por el costado, cuando abrí la puerta cancel, allí estaba tieso con sus  ojos abiertos


¡Venite urgente con mamá !, fueron sus últimas palabras y corto.


Mire a mamá sin saber cómo decírselo, “murió papá”, me dijo. No era una pregunta, fue una afirmación.


En situaciones así, nos facilitaron asientos para viajar en el primer avión que saliera. Las dos horas de vuelo fueron dramáticas. Mamá no paró de llorar y se decía: no lo tenía que dejar solo, es mi culpa.


Trataba de no llorar, el nudo en mi garganta tampoco me dejaba hablar.

Cerré los ojos, respire profundamente varias veces para calmarme.


Por mi mente transcurrían imágenes, en todas estaba él, siempre sonriente.

Un sentimiento de culpa me dominaba, de chico estaba para mi, pero de grande no lo tuve muy en cuenta.


Era tarde para remediar nada. El ya no estaba y nunca iba a poder decir:  “viejo perdoname quiero que sepas que a pesar de todo, te quiero”.


Marcelo Keselman

Harish (Israel)


Comentarios

  1. No lo pude conocer, pero gracias a tus historias, se un poquito mas de el, y algo en mi corazón siempre me dijo q tenía que ser de san lorenzo! Y quizás fue su manera de heredarme algo..

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