Zapala

Zapala: Recuerdos imborrables


 Era casi medianoche, el tren deteniendo su marcha se aproximaba al fin del recorrido.


Una cabecita rubia se asomaba por la ventanilla buscando algo o a alguien. Sobre el andén una señora buscaba queriendo identificar a un pasajero muy especial.


Su hijo que a falta de uno tenia tres nombres: Abel, Osvaldo, Hugo, su abuela lo apodo Moni y asi le quedo hasta su adolescencia. Se lo veía correr de un lado a otro tratando de encontrar a un personaje que significaba mucho en su vida.


La cabecita rubia, la única cabeza que sobresalia del tren, había divisado lo que estaba buscando y gritando decía:

“Moni, Moni, aquí estoy”. El loquito que no paraba de correr, giró su cabeza y gritó: Gordooooo!, mientras se acercaba, de pronto no me vio más, miró hacia la salida del vagón y allí estaba yo con un bolso como equipaje, una cara sonriente de emoción, lo decía todo.


Nos abrazamos, La Tita, su mamá, me abrazó también. Comenzaron las preguntas de rigor: como estas?, que tal el viaje?, que bien se te ve?, interrogatorio que se interrumpio cuando llegamos al chevrolet 51 negro , era el auto que el ejercito le habia asignado al padre, ahora con grado de Mayor.


Apenas pude divisar el entorno, la oscuridad de la noche y las pocas luces que iluminaban el pueblo lo dejaba en penumbra.

–No te preocupes Gordo, ya te voy a mostrar todo de dia


Solo recuerdo la entrada al cuartel , el soldado apostado de guardia, reconoció el coche y a la Madre , abrió el portón permitiéndonos ingresar


Habremos recorrido un kilómetro por un camino de tierra, muy oscuro, la luna nueva no se dejó ver.

Por fin llegamos a un conjunto de chalets, rodeados de álamos  y plantas que por lo que pude divisar, se veían atractivos.

Un solarium vidriado hacia de antesala a la vivenda, habia dos sillones de caña con  almohadones mullidos en el asiento y respaldo. Una mesita redonda con tapa de vidrio que soportaba una bandeja de cerámica con pequeños cactus.


Ingresamos por una puerta blanca que se veía muy sólida. Ya adentro el living en penumbra , dejaba ver sombras del mobiliario, la única luz encendida era la del pasillo que comunicaba con los dormitorios. El de Moni, ya disponía de otra cama que yo ocuparía.  


Era de madrugada, muy cansado por el largo viaje, preferi acostarme. Moni así lo entendió y pronto nos dormimos.


No recuerdo la hora, pero mi gran amigo no me perdonó, me despertó como él sabe, a lo bruto.


No pude saludar a Abel, su Papá, porque muy temprano se fue a trabajar. Después me enteré que estaba a cargo de la sección de mantenimiento de los vehículos del cuartel


Desayunamos y me dice: “vamos Gordo tenemos mucho que hacer. Quería mostrarme un millón de cosas en un segundo, así era él.


Al salir, me pareció estar en el bosque que había visto en el libro de “Caperucita Roja” y otros similares.


Era el barrio de oficiales, bastante diferente a los de los suboficiales.Los chalets, se veían iguales, estaban rodeados por un gran jardín con flores y plantas, los árboles que dominaban el paisaje eran álamos altos, plantados muy juntos, servían de parapeto a los fuertes vientos, típico de la Patagonia Argentina.

–Primero te voy a mostrar la laguna,-dijo sin mirarme ya que como siempre lo hacía caminaba delante mío, .


No muy lejos, rodeada de árboles autóctonos y arbustos llegamos a una pequeña laguna de 30 metros de diámetro aproximadamente. Al acercarnos, se veían pequeñas ranas que saltaban al agua. Mi amigo había llevado una bolsita de nylon , con mucha habilidad, la atrapaba con la mano y las guardaba.

Cuando le pregunté para qué las quería, solo me dijo: “ya verás”


Volvimos a su casa, atrás había un gallinero no muy grande, gallinas, un gallo, algunos patos y dos pavos, es todo lo que pude ver.


Dio vuelta la bolsita cayendo las ranitas que comenzaron a saltar despavoridas. Las aves se desesperaban por comerlas, fue un espectáculo un poco dramático que nunca imagine presenciar.


Era a finales de diciembre, navidad y año nuevo estaban a la vista.

La familia había sido invitada a la casa del capitán Monsalves, grandes amigos, yo era el inseparable colado.


La Madre de Abel debía llevar un pavo al horno. Se mete en el gallinero, se acerca al ave, lo toma por el cuello, le abre la boca y lo obliga a tomar cognac. Al principio él se resistió hasta que le sintió el gusto y mansamente se lo bebió.

Allí lo dejó y se fue, nosotros nos quedamos porque Abel insistió.


Ver a un pavo borracho, deambulando de un lado a otro, caerse y levantarse, me provocó un ataque de risa, esa visión quedó incrustada en mi memoria.


Cuando pregunté porque habían emborrachado al pavo, me dijo que de esa manera, su carne se impregna de un sabor especial.


Más tarde llegó Boro, era el soldado asistente de la familia, lugareño y con experiencia en como matar a un ave de corral

La siguiente vez que vi al pavo, tenía su piel dorada, estaba relleno ,un sabor que no conocía y no olvidaré.


Moni había recibido de regalo, una carabina 22 Mahely a repetición con cargador de 10 balas. Imagine que era un presente típico para el hijo de un militar, algo acostumbrado a las armas.


Estando en Buenos Aires, nos había llevado al Tiro Federal, a dispararle a un blaco situado a 150 m. El arma era un Mauser, muy utilizado en la primera guerra mundial. Nos pusimos cuerpo a tierra. Cuando llegó mi turno, nunca antes había disparado con un arma a nada, maximo una onda o una cerbatana. Tome el rifle siguiendo las instrucciones del Padre y tire del gatillo. No me dijeron y no imagine, que el rifle, retrocede con fuerza.

Todavía me duele el hombro.


La carabina 22, no es un arma de guerra pero puede matar si la bala penetra en órganos sensibles. Yo tenía 12 años recién cumplidos y Moni 13. Pensándolo hoy, no le habría hecho ese regalo a mi hijo. A pesar de las advertencias e instrucciones del Padre, igual no lo habría hecho.

Tampoco voy a negar, que en su momento la emoción fue compartida. Surgió la idea de ir a cazar liebres por los alrededores, fuera del cuartel. Es sabido que para cazar ese tipo de presa, es más efectiva una escopeta de perdigones, era lo que teníamos y ganas de intentarlo no nos faltaba.


La geografía autóctona es monótona, tierra seca y mallines, son arbustos de hasta un metro de alto con múltiples hojas finas y largas. Los bordes filosos pueden lastimarte.


Había que estar muy atento porque la liebre se mantiene oculta detrás de la vegetacion, cuando te acercas, sale corriendo. Acertar con un 22, es casi imposible y lo fue. No contentos con nuestro fracaso como cazadores, fuimos por otra presa.


Son habituales de la zona los chimangos, vimos uno parado en un cable. Es un ave desprestigiada, hasta hay un dicho alusivo dice : “no gastes polvora en chimango”. De plumas marrón y pico respingado como los loros, se alimenta de carroña, es un poco más grande que una paloma.


Moni apoyo el rifle sobre mi hombro y disparó, vimos caer al pajaro, estaba vivo pero no podía volar porque la bala había impactado en un ala. Una mezcla de arrepentimiento y lástima nos invadió.

–qué hacemos?, me dijo 

–llevémoslo a casa y lo curamos,

–¡Vamos!, me dio el rifle, lo tomo con las dos manos y lo llevamos.


Lo único que se nos ocurrió hacer, fue buscar un trapito, envolver la parte lastimada, con una cuerda no muy larga, le ate una de las patas y el otro extremo a un árbol. Queríamos curarlo , no que nos abandonara.


Era la hora de almorzar, entramos a la casa, antes miré para atrás para ver lo que hacía, observe que con el pico trata de desatarse la pata, no me preocupe porque tenía doble nudo.


Almorzamos, impacientes por saber qué pasó con el chimango, tomamos una fruta y fuimos a ver.

¡Vaya sorpresa!, el muy inteligente consiguió desatarse y nunca más lo volvimos a ver.


En esa época del año el clima era apto para hacer actividades al aire libre. Un dia Moni me pregunta:

–¿Quieres andar a caballo?,-no tenía idea de donde los sacaría pero le dije: “Dale vamos”

Llamó a su padre por teléfono, recuerdo que no era nada común para mi , tenía una manija que había que girar varias vueltas, atendió una operadora que dijo:

–Buen dia, con quien le comunico?, 

–Por favor quiero hablar con el mayor Cavagnaro

–Si señor ya le paso.

–Mayor Cavagnaro, ¿quién habla?- contestó el Padre.

–Yo Papa, Moni,- cuando hablaba con su Padre se ponía muy serio. Disciplina militar, le dicen.

–Tenemos ganas con Marcelo de ir a dar una vuelta a caballo, ¿es posible?

–Quédense ahí esperando, en un rato llegan.

–Gracias pa, y cortaron.


Al rato vemos llegar a Boro con dos caballos ya ensillados, salimos al encuentro, Moni se subió al suyo y yo al otro.


Salimos de allí al paso, estábamos dentro del barrio de oficiales y estaba prohibido ir rápido. En cuanto pasamos el límite, Moni gira su cabeza y me dice:

–Te juego una carrera,-ya había andado a caballo antes pero de ahí a ser un jinete me faltaba mucho. Para no achicarme le contesto: “Dale cuando quieras, me pongo al lado y largamos.”


Rápidamente se puso adelante,yo lo seguí a dos metros de distancia. Meta galope tendido. De pronto veo que se inclina de costado con montura y todo, cae al suelo, no me dio tiempo de hacer nada, mi caballo, tal vez por instinto, no lo piso.

La caída no le produjo ningún daño pero el susto que nos pegamos los dos, significó el fin de la cabalgata. Me bajé del animal, lo tomé de las riendas y fuimos caminando hasta la caballeriza para dejarlos allí. Era evidente que la montura no estaba bien sujetada, quien pagó las consecuencias de lo que podía haber sido una tragedia, nunca lo supimos.


Salir a caminar por los alrededores era costumbre diaria . En la laguna colgando de una rama gruesa había una soga de cañamo que caía sobre el suelo, colgarse de la soga y cruzar al otro lado era algo que a mi amigo le divertía hacer, yo nunca me anime. En otro árbol, había una plataforma de tablones que servía para subirse y pasar un rato.


Una tarde, casi de noche, fuimos con los padres al cine del pueblo. Moni conocía a algunos de los asistentes, Me señaló a una chica bastante atractiva, pero que yo sepa, nunca pasó nada con ella. Cuando terminó la película, una música muy alegre acompañaba la salida del público, me impactó y todavía puedo tararearla.


Filomena, era la sirvienta que tenían en la casa, vivía en Buta Ranquil, era un pueblito típico de la zona.

Moni con 13 años y su despertar sexual, arrinconaba a Filomena y la toqueteaba por todos lados. La pobre solo decía: “sosiegate Moni, sosiegate. La cosa nunca pasó a mayores, por lo menos es lo que me contó.


Un lindo y cálido domingo, salimos a pasear con el auto. Fuimos hasta el río Covunco, no era profundo y se formaban piletas en las que uno se podía bañar, en un santiamén estábamos chapoteando en el agua.

 

El Padre se había tomado unos días de vacaciones  junto con  los Monsalves, decidieron viajar a Bariloche.


Desde Zapala había que recorrer cerca de 400 km. por el paso Córdoba, todo ripio consolidado en regulares condiciones. No podíamos viajar rápido, muchas curvas y precipicios lo impedían. Sentí temor cuando vi que el sol nos encandilaba, el Padre sacaba la cabeza por la ventanilla para ver el costado de la ruta ya que al frente era imposible mirar. 


Hicimos escala en San Martín de los Andes para visitar a otro militar amigo de la familia, después de almorzar continuamos el viaje

El paisaje que transitamos hacía imposible aburrirse, por lo menos para mi.


Por fin arrivamos a Bariloche después de viajar todo el dia, 

Nos alojamos en una simpática hostería, todo allí era atractivo y la majestuosidad del  lago Nahuel Huapi impacta.


Al otro día, recorrimos los alrededores y llegamos al Cerro Otto, subimos por el camino de tierra y llegamos a la cima donde había un pequeño chalecito donde alli vivía un cuidador.


Era un mirador magnífico que te dejaba mudo, tanta belleza me impactó a tal punto que muchos años después con mi esposa y tres de mis hijas, se constituyó en el destino que decidimos para continuar nuestras vidas. Así lo hicimos durante 15 años.

Al otro día retornamos a Zapala.


Así, fueron pasando los días, el verano y las vacaciones.

Con la Madre y Moni, retornamos en un tren con camarotes. Solo recuerdo a la Tita poniendo papeles mojados y toallas húmedas sobre las rendijas de las ventanillas para que no entrara la tierra.


El regreso a Buenos Aires de Abel y sus padres, fue el último destino del padre. Su permanencia sería definitiva, debía comenzar el colegio secundario y un año después, también  lo hice yo en la misma escuela.


Mi viaje a Zapala fue un broche de oro a una infancia que quedará en mi memoria para siempre, fue como una bisagra ya que por distintos motivos nuestra relación continuó aunque con altibajos.


Por distintas circunstancias nos separamos físicamente, cada uno ya casados, tomó rumbos diferente, a pesar de ello, hasta el dia de hoy, continuamos enviándonos mails para saber de nosotros y nuestras familias sin olvidarnos de recordar con alegría innumerables anécdotas que supimos vivir a lo largo de muchos años.



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