Promesa


 Promesa


Mis amigos eran algunos de fe cristiana y otros, judía.

Nos llevábamos muy bien, en ningún momento sentí discriminación.

Con Abel. mantenemos una amistad desde los  cinco años .Me invitaban y asistía a las fiestas de Navidad y Año nuevo .


A los quince años, fraternizaba también con muchachos del barrio, todos de fe cristiana.

El día del cumpleaños de Mirta, fue la ocasión para nuestra presentación.


No sabía si era judía o cristiana, en realidad no me preocupaba. Debo reconocer que mi relación con el judaísmo era poco comprometida, aunque también asumo, que el día de la fiesta, en el patio de su casa, escuché tocar una tijera o sher en idish, mi sorpresa no fue poca. 


Ahí me di cuenta que mi identidad judía era más fuerte de lo que creía.

Me alegré de ello, aunque preferí no comentarlo con mis amigos acompañantes de fe cristiana.


La saqué a bailar, como temas de conversación no me faltaban,

y tampoco elocuencia, Mirta me escuchaba sonriente.


Comenzamos a salir juntos un tiempo. No recuerdo si ya había pasado un año. Cuando llegó, aquel día fatídico en que me llamó por teléfono, dijo:

–Hola Marcelo, - el tono de su voz no me gustó.

–hola Mirta cómo estás?- no me contesta nada.

–tengo que decirte algo- su voz me hacía sentir que no será algo agradable para mi 

– ¿Pasó algo Mirta?

–mira si, mi mamá no quiere que siga saliendo contigo.

–que y eso, que hice de malo?- pregunté desconcertado.

–nada, nada, no hiciste nada malo.

–¿entonces de qué se trata?

Lo que pasa es que ella no quiere que tenga una relación seria, siendo yo tan joven, prefiere que conozca a otros muchachos.

–y tú qué le dijiste!- le pregunté con rabia.

–discutí con ella, pero es mi mamá, ¿qué querés que haga?- notaba en su voz como que se largaría a llorar.

–¿Quieres que hable con ella?- le pregunté confiado en mi poder de persuasión.

–no, sería inútil, es su forma de pensar.- Ahí abandoné mi intento de cambiar la historia.

–bueno, que te puedo decir, - le dije en tono resignado.

–espero que tengas suerte en tu vida, chau Mirta

–chau- me dice y corto.


Estaba muy herido, me gustaba de verdad, creía que nuestra relación marchaba bien. Cuando hablaba con ella le contaba cosas que escuchaba con atención, también la hacía reír bastante.


Un sabor muy amargo me quedó en la boca, y se transformó en rencor.

Seguí con mi vida sin volver a formar pareja.

Quique quería mejorar mi ánimo. Un día me dice si deseo acompañarlo, él saldrá con Mabel, su pareja del momento, traerá a una amiga para presentarme.


Mi hermano en esa época era muy veleta  variaba bastante de pareja. No buscaba relaciones serias, las chicas que salían con él, tampoco.

Por eso, imagine las intenciones de Quique. No tenía nada que perder y acepté, dudando de mi decisión , sabía que el monstruo estaba vivito y coleando.


Salimos con su auto a buscar a las chicas, Mabel adelante y yo atrás con la fulana que ya ni recuerdo su nombre.

Comparándola con Mirta, perdida en todo. No era linda, tampoco horrible. Supongo que ella sabía hasta dónde llegaríamos.

Fuimos a Villa Cariño, era un lugar el los bosques de Palermo bastante oscuro.


Quique se bajó con Mabel con la intención de dejarnos solos. Ella esperaba que yo tomara la iniciativa, mi timidez no me ayudaba.

Me acerque y la bese sin convicción, ella lo noto, no intente avanzar, más bien no me animaba, no quería pasar el papelón de un rechazo.

Así quedó la cosa, no nos volvimos a ver nunca más.


El tío de un compañero del colegio de Abel, tenía una estación de servicio en la avenida Juan B. Justo en la Capital Federal. Estaba construyendo arriba,un local bailable.


Era un diseño futurista muy llamativo.Parecía una caja de vidrio transparente que dejaba ver todo su interior. Las pistas de baile eran tres platos sostenidos cada uno con una columna central, ubicados en distintos niveles. Le puso de nombre: “Zodiaco”


Un día, antes de la inauguración, en una charla con su tío, nos pregunto si conocíamos un disc jockey recomendable. Pensé en Quique, nunca había sido, pero tenía experiencia ya que acostumbraba a visitar locales bailables, le atraía el tema de la música pasando ratos en la cabina de trasmision.


–yo conozco uno, mi hermano- Abel sabía que no lo  era  pero no hablo.

–¡no me digas!, dice el tío entusiasmado

–quiero conocerlo y hablar con él.- se mostró muy interesado.


Quique no lo dudo y se tenía confianza, llegaron a un acuerdo, cuando se inauguró  comenzó a trabajar allí. Estaba muy al tanto de las novedades discográficas , solo tenía que copiar los trucos y métodos de los profesionales que había conocido.Yo lo acompañaba haciéndole compañía en la cabina, era divertido.


Habían pasado cinco o seis meses del corte con Mirta, seguía pensando en ella. 

El 12 de abril, recordé que era el día de su cumpleaños y me dije: “le voy a demostrar mi don de gente, le enviaré un telegrama deseándole feliz cumpleaños”.


A los pocos días me llama por teléfono:

–Marcelo?, reconocí su voz

–Hola Mirta, tanto tiempo!, había alegría sincera en mi voz

–Como estas contame, que paso que me llamaste?

–Quería agradecerte el telegrama que me enviastes para mi cumple-,me dijo. Por su voz no pude adivinar la verdadera intención de la llamada.

–No, no hace falta que lo hagas, es mi costumbre con la gente que aprecio.-Sabía que había tirado una bomba pero no tenía idea de las consecuencias que tendría.

–Cuéntame, ¿qué fue de ti en estos meses, estás saliendo con alguien?- se lo dije sin rodeos.

–No, la verdad que no, no estoy saliendo mucho, -me dice.

–¿Y tú qué haces?, me pregunta con interés,


Aproveche el momento y le conté lo de Zodiaco y mi hermano.

–Que bueno, se hizo un lugar muy popular, -me dice.

–¿Lo conoces?, le preguntó.

–No la verdad que no, quería ir pero no me anime a ir sola,- pensé, es mi oportunidad.

–Mira yo voy todos los sábados porque le hago compañía a Quique, venite un dia y charlamos,- no sabía que pasaría, pero lo intente.

–Tal vez vaya algun dia, bueno te dejo me tengo que ir

–Me alegro que me llamaras, algun dia me gustaria verte, Chau- y corte.


Por la presión de su mamá, no sabía si quería volver a verme.

El sábado de esa misma semana, se apareció en la cabina, fue una grata sorpresa para mí y lo demostré.

Le di un beso mejilla con mejilla y ni se movió.

–¡Hola Quique!

–¡Hola Mirta!, y siguió concentrado en su trabajo, que por cierto lo estaba haciendo muy bien y lo disfrutaba.

–Viniste sola?, le pregunto.

–No con Bety y Abel- me sorprendió que todavía estaban saliendo. Después de conocerla y salir con Mirta, ellos se habían integrado en la barra de Carlos, el sobrino del dueño de Zodiaco. Con Mirta salimos con mi hermano y su ocasional pareja hasta que cortamos.


–Vamos, vamos a la mesa, me encantaría también verlos a ellos- dije con entusiasmo.

Me puse a bailar con ella, la estábamos pasando muy bien, como en los viejos tiempos.

Cuando empezaron los lentos, la invité a bailar, nos apretamos como es habitual, cabeza con cabeza. Ahí interprete que ella había venido a verme con otras intenciones.Todavía estaba inseguro si seguir avanzando o ponerle un freno. Lo último que quería es sentirme herido como la última vez.


Necesitaba saber más, quería asegurarme y saber si solo deseaba pasar un rato entre amigos o algo más. Me dije: mejor es hablarlo cara a cara y le digo:

–Quieres que charlemos en un lugar más tranquilo- sin dudarlo me dice:

–Si, adonde podemos ir?

–Bajemos,-una larga escalera nos llevaba a la vereda. Buscamos un lugar lejos de la entrada.

–Aqui esta bien,- se apoya sobre la pared, pongo mi mano en su cintura y le digo directamente:

–¿Quieres que volvamos a salir?,-baja la mirada y asiente con la cabeza sin hablar.

–¿Sabes que nunca deje de pensar en ti?

-Y yo en ti,-hablando en voz baja sin levantar la mirada.

–¿Sos consciente de cómo me lastimaste?- asiente

–¿Qué pasa con tu mama?

–Hable con ella antes de verte y le deje muy claro que no quiero que me maneje mi vida y que seria la ultima vez que iba a hacerle caso cuando se trata de mis sentimientos. 

En este tiempo me deprimí, salí con un tal Arnoldo que me presentó mi tía Marta, fue un fracaso total. Después no quería ir ni a la puerta de casa.- Yo la escuchaba con mucha atención.


–Tu telegrama me alegró la vida, -me dijo convencida.

Me quedé en silencio, ella ya no hablaba solo esperaba mi reacción.

–Yo creo en las segundas oportunidades,- le dije

–No te voy a negar que tengo miedo

–¿Miedo de que?,- me interrumpe.

–Quiero que me hagas una promesa, que salga de tu corazón,-sus ojos le brillaban, estaba emocionada y yo también.

–Quiero que me prometas que nunca más vas a cortar nuestra relación de la forma como lo hiciste. -continue

–Si vamos a cortar, nos encontramos cara a cara y lo hablamos, no por teléfono, personalmente.- asiente con la cabeza sin mirarme.

–No así, dilo, dilo!

–Si, si te lo prometo con todo mi corazón,-me abraza y se pone a llorar.

Esa promesa, ya lleva casi  60 años y nunca, nunca, fue rota.


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