Cenicienta (version libre para adultos)

La Cenicienta

versión libre para adultos


Cuando el príncipe llegó a casa de Cenicienta, sus dos hermanas y hasta la madre intentaron sin suerte probarse el zapato de cristal. Él se encontraba a punto de marcharse cuando escuchó una voz:


—¿Puedo probarme la zapatilla? —dijo Cenicienta.


La joven se probó la zapatilla y le quedó perfecta. El príncipe sabía que esta era la hermosa joven que estaba buscando.


–Con el permiso de tus padres, ¿quieres pasar unos días en mi castillo?,-ella miro primero la cara de su madre que asintio con la cabeza, luego a su padre, este no dijo que si pero tampoco que no, corriendo fue a su habitación, preparo su equipaje que el conductor del carruaje acomodo. Afuera esperan tambien dos hermosos caballos, uno blanco en el que se subio el principe sin antes ayudar a la Cenicienta a subirse al de pelaje dorado


El principe vivía en un castillo muy lujoso, el servicio lo dirige un mayordomo de  nombre Richard, el se encargaba de darles las ordenes a la servidumbre. Algunos se ocupaban de la cocina, otros de la limpieza , el principe tenia un valet llamado Lucas que tenia la tarea del vestuario, le ayudaba al principe a ponerse y sacarse la ropa.


Cenicienta, al ingresar por el gran portón de hierro azul con rejas labradas, diviso el largo camino bordeado de flores y un enorme jardin muy bien cuidado, arboles y arbustos atractivos, hacian de marco a un castillo de paredes blancas y techo de tejas rojas.

Todo parecía un sueño y seria ella la afortunada que viviría allí.


El principe de nombre Alberto, viendola gratamente sorprendida le pregunta:

–¿Te gusta lo que ves, mi adorada Cenicienta?, le pregunta sonriendo

–¡Si, si!, mi querido principe,- lo mira emocionada.

–Esto no es nada, espera a llegar y te lo mostrare en detalle.


Antes de la entrada, el personal de servicio se había parado a cada lado del camino de lajas, al fondo sobre la escalera estaba el Mayordomo, se acerco hasta el caballo de pelaje dorado que llevaba a la Cenicienta y que fuera el primer regalo que este le daba, tomo con una mano las riendas del animal y con la otra la extendió para que la Cenicienta la tomara, de un salto, se bajo.


–Gracias señor mayordomo, le dice con sinceridad.

–Por favor señorita llamame solo Richard, inclinado sin mirarla a la cara y todavía tomando su mano.

–¿Trae usted equipaje?- le pregunta con curiosidad

–Todo viene en la carroza que llegará en un rato, nosotros nos adelantamos,- contesta el principe.


Richard toma la mano de la Cenicienta, la hace pasar por la doble file citando los nombres de los sirvientes presentes.

Al entrar, el mayordomo le cedió al principe la mano de la Cenicienta, y este le pregunta:

–¿Deseas recorrer el castillo ahora o prefieres descansar?

–No querido estoy ansiosa por conocer cada rincon,- le dice entusiasmada.


Ella, no imagino que el castillo era tan grande, se sintió muy cansada. el principe lo vio en su rostro y la llevo directamente hasta su aposento.

–Acomodate y descansa que en un rato sentiremos las campanillas que nos invitan a almorzar.


Asi pasaron varios dias, paseos por el bosque, cabalgatas a caballo, largas charlas debajo del hermoso cerezo de la entrada, en una de ellas mientras la Cenicienta estaba recostada sobre una mantilla en el pasto, el principe le pregunta:


–Quiero hacerte una pregunta, aunque no es necesario que me la respondas ahora,- el tono de su voz, era inquietante, ella lo noto y giro si cabeza para mirarlo a los ojos y ver si su expresión podía anticiparle algo.


–¿eres feliz aqui?,-no esperaba esa pregunta

–Si, ¿porque querido?, dice asombrada.

–¿Quieres casarte conmigo?,- se quedo muda, el principe era el hombre que tantas veces había visto en sus sueños, pero luego se despertaba y volvia a su vida simple y rutinaria, en compañía de su familia. Si aceptaba, sabia que su vida daria un giro total, se convertiría en una princesa con todo lo que ello significaba. Pertenecer a la realeza, nunca estuvo en sus sueños, ahora seria una realidad que cambiaria su vida para siempre. 


Cenicienta permanencia en silencio, acostada mirando las hojas del cerezo, su mente volaba. El principe entendió que no seria util presionarla y le dijo:


–Mira querida, como ya te dije no es necesario que me respondas ya, piensalo bien y mañana lo volvemos a hablar.

–Estoy viviendo un sueño y quiero hacerlo realidad, si, si quiero casarme contigo,- lo abraza, besandolo tiernamente.


Organizar un boda de la realeza, no era para ella, dejo al principe que se ocupara de todo y lo hizo.

Ella se dedico a preparar a su familia que por primera vez asistirian a una boda real.


El dia de la boda, fue presentada a los invitados, todos lucian vestimentas atractivas y titulos nobles.

Un solo invitado la perturbo, el hombre espero que la princesa no estuviera rodeada de personas, se acerco a ella y le pregunta:

–Me voy a presentar solo ya que nadie se dispuso a hacerlo, yo soy el Marques de Sade, extiende su mano y espera la de ella, le da un beso que duro un tiempo interminable para la princesa, sin soltarle la mano le dice:

–Eres muy bella princesa,- sus ojos lujuriosos la inquieto.

–Imagino que estas ansiosa por que termine la recepción, el principe te lleve a vuestra habitación, te acostara sobre la cama y empezara a quitarte este hermoso vestido,- la incomodidad de la princesa se hizo evidente, su rostro enrojecido de verguenza mezclado con una profunda indignación, la llevo a detener esa conversación, se solto la mano y seriamente le dice:


–Sr, Marquez, creo que usted se esta metiendo en temas que no le concierne, hay muchos invitados que debo atender, gracias por su presencia y espero no verlo mas por este castillo.- lo dejo parado donde estaba y se apresuro a marcharse.


Se quedo pensando si debia contarle al Principe lo sucedido, no deseaba que en su boda se creara una situacion fuera de control. 

El principe se acerco y la invito a bailar con los acordes de un hermoso vals. Ella sabia como hacerlo, por las tantas veces que lo había practicado en sus juegos con sus hermanas.


Todo salio perfecto, en la noche de boda, sus temores prontamente se disiparon, ella era inexperta pero el principe demostró sus aptitudes y experiencia.


Al cabo de 9 meses, nacio un hermoso bebe que se convirtio en heredero. Fue criado como lo que era, un principe al que no le falto amor y cariños de sus padres.

Fueron pasando los años y dos hermosas princesas se sumaron a la familia real.


A sus hijos, parecía que no les faltaba nada, solo la niñez que Cenicienta había tenido. Muchos amigos, juegos en el bosque, ropa sencilla que podía ensuciarse sin consecuencias, concurrir a la escuela y ser uno mas. Esa realidad empezo a pesar en su mente, ya no era tan feliz al ver que sus hijos no conocían lo que ella vivió de niña


El principe adoraba salir a cazar, regresa siempre con algunos faisanes hasta trajo un jabali, que la cocinera transformo en delicia para toda la familia.


Un dia, el clima parecía que avecinaba una tormenta, el principe podía ser muchas cosas pero no temeroso. Se preparo como siempre y se aventuro entusiasmado.


La tormenta se hizo presente, un relampago presagiaba el inminente trueno, el estampido fue ruidoso, su caballo se asusto, se paro en dos patas, tomando al principe desprevenido, este cayo al suelo con tan mala suerte que su cabeza golpeo con una piedra de regular tamaño. El caballo se espanto y volvio al corral, el principe en el suelo no se movió mas.


La llegada del animal sin cabalgadura, alerto al encargado del establo, corrio al palacio, busco al mayordomo para comunicarle lo ocurrido. Rápidamente organizaron una cuadrilla de búsqueda, al cabo de dos horas, lo encontraron, ya no respiraba.


La tragedia le fue anunciada a la Cenicienta, esta se encerró en su habitación a llorar desconsoladamente. Cuanto hubiese querido que estuviera su familia para consolarla.

Se organizo el funeral, tan fastuoso como todo evento real. reanimar a sus hijos fue la única tarea que asumió la Cenicienta.


Al cabo de unos días, su mente empezo a elaborar alternativas, quedarse sola con los niños en esos gigantescos espacios, no le atraía, convertirse en Reina, mucho menos.


Ordeno al mayordomo que dispusieran del carruaje, preparo lo que quería llevarse de allí y, ante la pregunta de Richard, contesto que le vendría bien ir a pasar unos días con su familia.

Ella era la única que ya lo sabia, nunca volvería a regresar a esa vida.


Marcelo Keselman

Harish (Israel)

3/11/23


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