Cuando Renacer es además un perro
Cuando Renacer, es además un perro
En un descampado a trescientos metros de allí hay un vaciadero de basura, solo llegan de mañana camiones que vierten su contenido
Para Juan, es además su medio de supervivencia, espera hasta el mediodía y, después del último camión, junta unas bolsas vacías y, caminando lentamente se dirige a revisar qué grata sorpresa encontrará entre la basura que todos descartan.
Algunos chicos mal vestidos como él, se le adelantaron para buscar recortes de metales que podrán vender en el depósito de chatarra, siempre se vuelven con algunas monedas.
A veces, algún juguete casi nuevo que algún niño de familia acomodada se canso de utilizar, para ellos es como el día de Reyes.
Sus padres, hacen trabajos ocasionales aunque también reciben del estado dinero por tener hijos a cargo. Entre uno y otro ingreso, subsisten. Por esa razón, no les dejan llevar comida del basural.
Para Juan, encontrar comida es un dia mas que no tendrá que pasar hambre. Las revistas que recoge, le sirven para matar el tiempo, porque es lo que le sobra. No junta metales como los chicos ya que prefiere no irse, para que no le roben sus valiosos tesoros: algún cuadro, un sillón con tapizado roto, utensilios de cocina, a veces se trae verduras que para él son frescas, con ellas prepara sopas y ensaladas
Fue juntando ropa usada no siempre en buen estado, utensilios de cocina un poco chamuscados y otras cosas con valor solo para el. Un día, se vino con una salamandra que utiliza para cocinar y calentarse en el invierno. En los alrededores, nunca falta leña suficiente para sus necesidades.
Así pasan los días, las semanas, los meses y los años que ya no cuenta, para él no tiene sentido hacerlo, vive el día a día, el futuro no es su problema hasta ahora.
Eran las tres de la tarde, estaba recostado en su catre después de haber comido unos restos de hamburguesas que ya no tenía buen olor.
Alguien golpea la puerta llena de rendijas donde pasa el viento frío y la tierra cuando está totalmente cerrada.
–¡Hay alguien en casa!,- escucha decir, Un poco sorprendido ya que nunca espera a nadie…
–¿Si, quien es?, sigue acostado sin levantarse
–Soy el inspector Gonzalez de la municipalidad,-un escalofrio recorrio su cuerpo, no esperaba noticias y menos malas.
–Un momento ya los atiendo, -contestó con desgano. Sin apurarse se levanta y va lentamente hasta la puerta. Dos personas correctamente vestidas, una, que seguramente sería el inspector González, con el brazo extendido le muestra su credencial, sin esperar que Juan se la pida.
–¿En qué puedo servirle?,- no los invita a ingresar
– ¿Usted se llama?, le pregunta a Juan
–Juan, contesta
–¿Juan que?, en tono ofuscado
–Juan Aguirre
–¿Tiene algún documento?, necesitamos registrar sus datos en una planilla de visita.
–Un momento ya vengo,- y les cierra la puerta en las narices
–¿Dónde carajo lo habré puesto, - años que no necesito usarlo, al final lo encuentra. Abre la puerta y le entrega el documento a su compañero, registran los datos y se lo devuelve.
–Bueno, ahora sí le diré el motivo de nuestra visita
–Mire Juan, disculpe ¿puedo llamarlo por su nombre?, asintió con la cabeza.
–El basural va a ser removido y trasladado a la recién inaugurada planta de tratamiento de residuos, todo el predio que incluye donde usted está viviendo, será loteado, ya que la municipalidad lo vendió a una empresa inmobiliaria. Se cercará el perímetro y vendrán máquinas para remover la vegetación y aplanar el piso.
–¿Está entendiendo lo que le voy diciendo o necesita que lo repita?
Los ojos vidriosos de Juan denotaban el impacto emocional de lo que estaba escuchando, rápidamente entendió que debía irse de allí y no sabía adonde. Apenas podía hablar.
–¿Entendió Juan?
– Si, si, entendí, todo eso, ¿qué significa?
–Significa que usted debe desalojar el lugar antes de los treinta días a partir de ser notificado, que es ahora,-estaba cambiandole la vida al pobre hombre sin expresar una mueca de comprensión.
Le pide el formulario de notificaciones a su compañero sin hablar, estiró su mano y la acerco frente a la cara de Juan diciéndole:
–Firme aquí donde está la cruz, Juan se quedó mirando sin leer, en su mente no estaba el formulario, mil dudas y preguntas lo atormentaban.
–Juan, Juan, firme aquí por favor,- levantó la vista y mirando a los ojos del funcionario, tomó la lapicera que este le dio y con la mano temblorosa, firmó. Tomó su copia, sin hablar, cerró la puerta con furia, no contesto el falso deseo de “buena suerte”, que le dijo Gonzalez al irse.
Se deshizo del papel tirándolo al suelo, lo pisoteó hasta destrozarlo, ya nada le importaba. Abrió la puerta para dejar entrar aire, sentía que se ahogaba. Se sentó en el catre y apoyando un codo en cada muslo, se llevó las manos a la cara y se puso a llorar repitiendo una y otra vez.
“Hay Dios mio que va a ser de mi vida, porque me caen todas las desgracias a mi”
Así estuvo un buen rato hasta que se calmó y dejó de llorar.
Después de la tensión vivida, su cuerpo se aflojó, se recostó en el catre, durmiendo profundamente.
El fresco del amanecer, lo despertó, puso algunas ramas en la salamandra, encendió el fuego,al rato ya estaba tomando una taza de mate cocido con pan viejo que ablanda mojándolo en la bebida.
Se puso un chaleco de lana y salió afuera, el viento fresco lo despejo. Miraba sin ver nada, trataba de dilucidar si lo que había tenido era un mal sueño o en verdad todo fue real.
En realidad sabía que lo que había sucedido pasó, su mente lo negaba, de pronto empezó a recordar cada detalle de lo sucedido, se tomó la cara con las dos manos tapándose los ojos, pensaba que cuando volviera a ver, todo sería como siempre.
Los camiones y los chicos ya no venían. Vio llegar un camión de la municipalidad que comenzó a cercar el predio con chapas que ocultaban lo que había más allá.
Volvió a entrar sin cerrar la puerta, se sentó en el catre y mirando el piso pensaba que hacer. Hasta ese momento su vida era muy simple, el futuro no existía, solo el hoy era su problema, ahora debía acostumbrar su mente a razonar, volver a recuperar el sentido común, reiniciarse como un humano normal.
“Bueno Juan, piensa en que alternativas tengo”, se dijo para sí
“Piensa, piensa”, seguía intentándolo pero nada.
“¡Puta madre que desastre, no sos capaz de encontrar una solución!, le dijo gritando.
Así pasó toda la mañana, era el mediodía, tenía hambre, comenzó a preparar una sopa de verduras, le puso choclo, una papa, acelga, un pedazo de zapallo. Mientras revolvía, de reojo vio a un perro blanco, peludo, un poco sucio. Se cruzaron las miradas, el perro inclinó de costado su cabeza y empezó a mover la cola, Juan, entendió que es un gesto típico de los perros para ganar su confianza. Dejó hirviendo la sopa , se sentó en la cama, le hizo un gesto para que se acerque, este lo hizo y Juan comenzó a acariciarlo y el perro a lambetearlo.
El impacto emocional que esa escena despertó en Juan, fue una bisagra en su vida. Un extraño fenómeno se produjo en su mente, el perro era más que eso, se había convertido en un ser viviente que había creado una atmósfera de amor correspondido.
Ese sentimiento estaba olvidado y enterrado junto a sus recuerdos, antes de convertirse en el hombre que es ahora, Juan había tenido otra vida que despertó en él: primero curiosidad y después una necesidad imperiosa de saber quien fue.
¿Había tenido una familia?, ¿una esposa?, ¿algún hijo?, ¿madre,padre,hermano?, se hacía muchas preguntas que no tenían respuesta. Del no saber qué hacer con su vida, ahora había encontrado un objetivo.
Ya no estaría solo, el perro sin nombre se convirtió en su fiel amigo, ¿cómo llamar a su mejor amigo que no podía hablar?, con sus manos le tomó su cabeza y la acercó a su cara para hablarle, él sabía que el perro lo entendería.
–¡Hola pichicho!, ¿quieres ser mi amigo?,-el perro con un movimiento de su cola y lambetada de la lengua le respondió.
–Te gustaría que te llame “renacer”, -de la misma manera el perro asintió.
–Tu me has dado la idea de encontrar mi destino, de saber cómo era mi vida, será una tarea difícil, tendremos que caminar sin rumbo, comer lo que encontremos, dormir a la intemperie, hasta que mi mente vuelva a reconocer lugares, personas y situaciones que me indiquen el camino. A algún lado llegaremos, estoy seguro, de lo que no lo estoy, es si me gustara lo que vea, reconozca y sepa que me paso para llegar a esta realidad.
Comieron algo de lo que había, ya era de noche, se durmió en el catre y renacer acostado en el piso también lo hizo. En cuanto se despertó empezó a ver que podía o mejor dicho, llevarse como imprescindible, recordó el carro de supermercado que se había encontrado en el basural y que guardo detrás de la casilla, ahora le servirá.
Se paró en la puerta y miro a cada rincón de lo que había sido su hogar por tanto tiempo, ahora debía abandonarlo sin saber cuándo ni donde encontrará refugio para él y su amigo.
Renacer echado en el piso pero despierto, estuvo mirando con atención todo lo que Juan hacía, pensaba que volvería a deambular solo por las calles. Cuando vio que Juan se marchaba, lo miró con sus orejas paradas esperando una señal que llego.
“vamos renacer, tenemos que partir”, se paró, su cola no dejaba de balancearse, se acercó a Juan y lo siguió a donde él quiera que vaya.
Juan tenía que acostumbrarse a muchas cosas, el ruido de la calle, el transito, motos, bicicletas y personas caminando sin prestarle atención.
No le resultaba fácil llevar al carro con sus cosas, veredas rotas, cruces de calles y su cuerpo anquilosado de no hacer prácticamente nada, agotaba sus fuerzas.
Cuando encontraba alguna plaza con bancos vacíos donde poder beber agua y sentarse, lo hacía hasta recuperar fuerzas y seguir.
Pasar la noche siempre fue un problema, tirado en la vereda, la policía no lo dejara, alejarse de la mirada de curiosos no era sencillo. Así fueron pasando los días y las noches, a veces comían y a veces no, se fueron acostumbrando.
Sentado en el banco de una plaza, le pareció reconocer el entorno, algunos recuerdos fueron apareciendo y armando un rompe cabeza. Sabía que había pasado por allí muchas veces, lo que lo llevó a pensar que probablemente cerca estaba la casa donde había vivido.
Se paró, dejó el carro y le dijo a renacer que se quedara cuidando, el tenia algo que hacer y le prometio que volveria. El perro entendió y se quedó esperando.
Cruzó la vereda, comenzó a caminar mirando atentamente cada casa. Recorrió el perímetro hasta que se acordó de la verdulería que estaba al lado de su casa. Miro al verdulero haciendo sus tareas, estaba de espaldas cuando este se dio vuelta se enfrentaron cara a cara. Juan lo reconoció de inmediato, recordó que lo llamaban Cacho y le dijo:
–Cacho, soy Juan, este lo miró sorprendido, a su edad la memoria le fallaba pero al cabo de un instante dijo:
–¿Juan, tú no vivías acá al lado?
–Si Cacho
–Pensé que te habías mudado, años que no te veía ¿qué fue lo que te paso?, le pregunto con sorpresa e interés.
–No se lo que me pasó, le dijo un poco avergonzado
–¿Como que no lo sabes?
–No no tengo idea
–¿Tu y tu esposa no habían tenido un accidente con el auto?, un sudor frío recorrió su cuerpo, por fin se había enterado de lo sucedido.
–La verdad no recuerdo nada de lo que pasó, mirando el piso.
–Supe que tu esposa no lo logró, murió instantáneamente, pensé que tu también, fue un choque impresionante,-su esposa se había muerto pero no recordaba ni siquiera su cara, por eso no se emocionó.
–¿qué pasó con mi casa?, todavía está cerrada, nadie la ocupa.
–Gracias Cacho voy a ver si puedo averiguar cual es mi situación
–No hay problema, suerte Juan
–Gracias, se acercó a la puerta de madera lustrada, un ventanal con rejas y a través del vidrio se veía una montaña de cartas y folletos de propaganda. Descubrió que a un costado de la reja había una tarjeta, era de un abogado y pensó:
“tal vez él me pueda orientar, lo llamare por telefono”
Se acercó nuevamente a la verdulería, le pidió si le permitía hacer una llamada, este aceptó.
–Con el Dr. Jimenez por favor
–¿Quién le quiere hablar?
–No se si me conoce, encontré una tarjeta suya en la puerta de mi casa y necesito hacerle algunas preguntas.
–¿Cómo es su nombre?, preguntó su secretaria
–Juan Aguirre
–un momento por favor,- al instante alguien contestó.
–Usted es Juan Aguirre, le hemos estado buscando hace tiempo, ¿dónde está usted ahora?, preguntó con interés
–Al lado de mi casa no puedo entrar porque no tengo las llaves.
–Mi estudio está cerca, no se mueva de allí, voy a su encuentro.
–Lo espero.-mientras este llegaba se cruzó a la plaza a buscar su carro y a su amigo. Un auto se estaciono frente a su casa, salió una persona joven y bien vestida que inmediatamente le pregunto:
–¿Usted es Juan Aguirre, tiene un documento para verificarlo?,-busco en su bolsillo y se lo dio, este lo miro y se lo devolvió.
–Tenemos que hablar, tengo la llave podemos hacerlo dentro de su casa,- Juan aceptó, el abogado abrió la puerta y se sorprendió cuando Juan entró también el carro y su perro.
–¿Esto es todo suyo?,
–Asi es, son todas mis pertenencias
–Ahora tendrá que agregarle una casa,- la cara de Juan se iluminó, no pudo ocultar su alegría.
–¿En serio, podré quedarme con ella?
–Por supuesto, es suya
Dentro de la casa, buscaron algunas sillas empolvadas con tierra y conversaron por casi una hora, el abogado lo puso al tanto de las deudas acumuladas por impuestos atrasados y sus honorarios de gestión. Juan le explicó su situación, el abogado comprendió.
Se enteró que después del accidente, algunos testigos lo vieron muy conmocionado, le hicieron preguntas que no contestó. Comenzó a caminar aturdido hasta que llegó al basural.
Construyó su choza precaria con elementos extraídos del basural,
Subsistir día a día, se convirtió en su único objetivo.
Epílogo
Con el tiempo, Juan Aguirre fue reconstruyendo su vida, encontró un trabajo y le aparecieron habilidades que no sabía que tenía, eso fue haciendo que progresara.
Se volvió a casar con una buena mujer, tuvo dos hijos a quienes les contara las peripecias que su padre había pasado en su vida.
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