Alguien en mi Cama

 Alguien en mi cama


Después de tres años me di cuenta que mi matrimonio había sido un fracaso. Cinco de novios, parecíamos inseparables, ninguno de los dos hacia nada si no estábamos de acuerdo. 


El mismo año terminamos el secundario en colegios separados, no estábamos interesados en carreras universitarias, casarnos, tener hijos era la única opción que nos planteamos.


Esos cinco años fueron maravillosos, compartimos amigos, salidas y hasta vacaciones. Nuestras familias ya nos había incorporado, ellos apoyaban nuestra relación. 


Mi padre poseía una gran empresa de construcciones, yo había estudiado en el industrial, me titule como maestro mayor de obras. Trabajar con mi padre era lo que ambos deseábamos desde siempre.


Liliana, mi novia, quería especializarse en alta costura, debía hacer algunos cursos que le dieran herramientas para iniciarse por su cuenta. 


Según lo planeado, mis ingresos serian suficientes para tener una vida respetable y Liliana podría estudiar. Casi todo lo habiamos planificado, inclusive los tres hijos que tendríamos. Solo debíamos casarnos y empezar a cumplir los objetivos. 


Nuestros padres, nos habían regalado un departamento de tres ambientes, con el dinero que recibieramos de regalos, seria suficiente para amueblar la vivienda, los gastos de la fiesta y si alcanza, el viaje de bodas, estaba todo perfectamente organizado.

Llego el dia del evento y con el una lluvia de misiles enviados por nuestros enemigos de siempre.

La boda se suspendió sin fecha, por razones medicas yo no estaba en el ejercito, la mitad de los obreros de mi padre retornaron a sus países de origen, las obras y las ventas se detuvieron.


Nuestro humor se enrareció, las dudas que no teníamos aparecieron, las conversaciones con Liliana terminaban en discusiones y enojos.


Al cabo de un año la guerra termino no asi los problemas, había que reconstruir muchas cosas, inclusive nuestra relación. Nos colmamos de dudas, aunque continuamos con nuestro deseo de casarnos y ver si lo que sentíamos unos del otro se confirmaba, la llegada de hijos ataría nuestra relación, eran todos supuestos y esperanzas.


Nos casamos, la fiesta tuvimos que acomodarla a nuestras posibilidades y otras realidades. Sabiamos que con solo mi ingreso por ahora no seria suficiente, Liliana debería trabajar postergando el sueño de la alta costura al igual que la llegada de algún hijo. 


Llegaron menos invitados, menguaron los regalos que postergaron nuestras ambiciones.

La empresa de mi padre se había endeudado durante la guerra, salir de esa presión nos afectaba a todos.


No podía evitar llevar los problemas diarios al seno de mi casa, Liliana lo notaba y le costaba aceptarlo, los temas sin importancia se convierten en dramas. Volver a casa no me hacia feliz, 

Empeze a visitar cabarets donde embriagarme para borrar artificialmente la realidad que vivía. Me estaba autoengañando, cunado retornaba mi lucidez me sentía peor.


Llegaba a casa a cualquier hora, Liliana ya no me esperaba despierta, mis borracheras me hacian dormir hasta tarde, cuando despertaba ella ya no estaba a mi lado, se había ido al trabajo, casi no nos veíamos y cuando lo hacíamos, reproches y amenazas eran los temas de conversación.


Asi fueron transcurriendo los días y las noches. Liliana empezo a no llegar a casa a diario, solo venia a buscar algo de ropa y se iba, cunado la llamaba por telefono no me atendia, comence a dejarle mensajes porque quería que nos encontrásemos y hablemos de nosotros, por fin devolvió mi llamada y me dijo:

–¿Claudio?

–¿Liliana?, conteste

–Vi que me estuviste llamando.

–Asi es, pero no me contestabas,-le dijo con un tono amargo

–No te lo merecias,- replico

–No quiero que empezemos a pelear, te llamaba porque creo que nuestra relación no puede terminar asi, yo te sigo queriendo.

–No lo demuestras, -con voz entrecortada conteniendo el llanto.

–Mira mi amor, ven hoy a la noche a casa y hablamos de nuestros situacion como dos personas maduras,- hubo un largo silencio y respondió.

–Lo voy a pensar, tengo que colgar, chau,-sin esperar respuesta colgó.


Claudio intento legar temprano a casa pero necesitaba tomar algunas copas para entonarse por si Claudia regresaba, mientras bebía una bella mujer se le acerco y le pregunto:

–¡Hola guapo!, ¿me convidas con alguna copa?, solo la vio de reojo, miro al barman y con un gesto le pidio dos copas de whisky.

–Gracias guapo sabia que no me fallarias, me parece que a la única que le fallas es a tu esposa,-el la mira sonriente y le dice:

–Mira linda hasta ahora nunca lo hice.

–Siempre hay una primera vez,- contesta ella.


Salieron de allí juntos, no quise manejar por mi embriaguez, llame a un Uber y me fui a su casa.


Cuando abrí los ojos, allí estaba su cuerpo junto al mio, tenia miedo de ver su rostro y comprobar que era la rubia del bar, solo pude ver sus manos y reconocí el anillo de diamantes que le había regalado a Liliana cuando fue nuestro compromiso.


El saber que a pesar de todo no la había engañado, me lleno de felicidad, me levante despacio para no despertarla, prepare un abundante desayuno con los ingredientes que sabia que a ella le gustaban, me acerque a la cama, me senté, acerque mi cara a su oido y suavemente empeze a pasar mi lengua por su contorno, abrió sus ojos lentamente giro su cabeza y nos besamos apasionadamente.


Marcelo Keselman

Harish (Israel)


Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi Mama

Abri el viejo Baul

Zapala