el cumpleaños 95 del Patriarca
El cumpleaños 95 del Patriarca
Ya hace un mes que estrenamos nuestro chalecito en este hermoso Beit Abot.
Por haber llegado sano a los 95 años, el Estado de Israel me recompensó con este nuevo hogar. Será nuestro mientras vivamos.
Sentarme frente al ventanal del comedor es como convivir con hermosas flores, árboles, un lago artificial y de fondo montañas.
La TV tridimensional que ocupó toda una pared, nos entretiene cuando no estamos haciendo alguna actividad.
Nuestro dormitorio, muy luminoso, tenía una ventana a los jardines. Una puerta daba a nuestro baño privado, ya que había otro más pequeño en el living. También contaba con un cuarto de vestir con placares.
La cama tiene un control remoto para regular individualmente las alturas de pies y cabeza. De cada lado, al alcance de la mano, un andador para caminar seguro al levantarnos de noche.
disponemos de un control que nos permite múltiples funciones. Podemos darles órdenes por voz o utilizar los botones luminosos, que se encienden cuando se apaga el velador de la mesa de luz. Con el control, podemos llamar a un/a asistente de guardia las 24 hs., que está disponible para lo que necesitemos.
Desde la cama, abríamos y cerrábamos las cortinas. Si queremos desayunar en el dormitorio y no ir al salón, podemos activar el robot de la cocina que nos trae bebidas frías o calientes, tostadas, quesos, frutas, galletitas y otros.
La cocina no era grande pero contaba con todas las comodidades, Casi no se usaba porque preferímos encontrarnos con nuestros amigos en el salón de usos múltiples. Podemos recurrir a la heladera por si gustamos comer algo fuera de hora o pasar de largo el salón.
Contaba con un servicio de provisiones generales, solo teníamos que enviar un pedido por whatsApp y lo recibís a la hora solicitada.
En el living, cuatro cómodos sillones rebatibles, con una mesa ratona, sobre ella nunca faltan flores frescas que repone el servicio de limpieza.
Daba al salón de estar, un pequeño cuarto sin puerta. Allí estaba mi computadora. La costumbre de escribir me mantiene entretenido, además nunca deje de registrar mis memorias.
Hasta que no salimos del chalet para hacer alguna actividad, no ingresa el servicio de limpieza, salvo que se lo solicite.
Si queremos dar una vuelta, ir a la playa cercana, ver un espectáculo en otra ciudad, no tenemos que molestar a alguien de la familia, con solo pedirlo nos proveían de un cómodo auto con chofer que nos espera hasta el regreso.
Generalmente viajamos con una pareja amiga
El complejo cuenta con un centro médico que hace innecesario recurrir a los servicios externos. Desde allí, pueden comunicarse con nuestros médicos privados , ver en su pantalla los resultados de los análisis habituales y enviar al personal médico las instrucciones necesarias. Si el caso lo requería, un servicio de ambulancia propio, cubre la necesidad.
Es de hacer notar que todas las comodidades que tenemos en el chalet, es una copia de lo que ya existe en las ciudades. Solo pretenden que no lo extrañasemos.
Nuestros paseos matutinos, recorren a diario esta magnífica escenografía que finaliza en el comedor multiuso, donde desayunamos y charlamos con los vecinos.
El entorno, se completa con un gran gimnasio, allí, participamos de actividades que nos mantiene sanos.
El avance de la tecnología en general y la medicina en particular, hace que podamos disfrutar de esta realidad.
Después de almorzar, la siesta es un invitado infaltable.
Por la tarde, esperamos la visita de una de mis hijas que nos vendrá a buscar para descubrir la sorpresa que me prometió.
Veo una llamada en mi teléfono, es mi hija que me pide que active el control para que pueda ingresar con su auto. Le aviso que iremos a su encuentro.
La acompañaba mi bisnieto, ambos se bajan del auto para saludarme por mi cumpleaños.
–Hola papá, mamá, cómo están?, nos abrazan y besan con emoción sincera.
–Bien, bien, hija. ¡Qué puntualidad!
–Y si, hay una sorpresa que te espera papá y no quiero que se les haga tarde.
–Bueno, vamos entonces que estoy ansioso por saber de qué se trata.
Habremos viajado casi una hora, ingresamos con el auto a un gran parque hasta llegar a un salón que se veía atractivo por fuera.
–¿Imagino que no habran organizado una fiesta para mí?
–No, para nada,- haciendole un guiño a Mirta que no me pasó desapercibido
Cuando nos acercamos a la puerta, mi hija le pide a Mirta que se aleje y me deja a mi solo frente a la entrada. Llamó mi atención no ver luz a través de los vidrios.
Mi hija me vio dudar y me dice:
–Entra papá, ¡ya vamos nosotros!
Al abrir, no me anime a ingresar porque estaba todo oscuro y no quería tropezarme. El silencio, fue interrumpido por música muy alegre, se prendieron luces en un rincón que iluminaban una especie de círculo. Una ronda de niños tomados de la mano, giraban al compás de la música. Traté de identificarlos y allí estaban mis bisnietos, no faltó ninguno.
Se apaga el sonido y la luz, al otro lado se escucha una música pegadiza, se encienden las luces formando un círculo y debajo de él, mis nietos bailan al compás.
Otra vez el silencio y la oscuridad, sobre el centro se escucha una marcha barroca y trompetas que anunciaban algo. La luz se prende, caen papelitos plateados y mis hijas se acercan, me toman de la mano, me llevan hasta un sillón de madera lustrada y torneada, respaldo alto tapizado de pana púrpura al igual que el asiento. Me ayudan a sentarme y me ponen una corona de rey.
Allí no terminó todo, mis bisnietos en fila india se acercan con regalos que dejan frente a mí, luego mis nietos y finalmente mis hijas. Se encienden todas las luces del salón atractivamente decorado para la ocasión, toda mi familia comienza a aplaudir y gritar: bravo, bravo, bravo!, era ensordecedor, pero emotivo, muy emocionante.
Mi rostro empapado de lágrimas de alegría y yo sin saber que hacer, sin entender porque tanto, lo único que decía era gracias, gracias, gracias.
Volviendo a casa, mi silencio era ensordecedor, simulaba que estaba mirando por la ventanilla del auto pero en realidad lo único activo en mi cuerpo, era mi mente.
Noventa y cinco años de vida, todo había comenzado en una fiesta y hoy otro evento con un profundo significado.
Recuerdos y vivencias imborrables se mezclaban con otras que prefería olvidar. La balanza se había inclinado y lo vivido hoy, me servía para saber que cada hora, minuto y segundos vividos, habían valido la pena.








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