Ser Judio

Que dificil es ser judio pero que orgulloso estoy de serlo


Nací en Argentina el 4 de noviembre de 1947, tuve una infancia feliz, mis amigos no eran judios, incluso me invitaban a participar en sus fiestas tradicionales Navidad y Año Nuevo.


Mi contacto con el judaísmo fueron los festejos en la casa de mi Bobe Cecilia en Pesaj y Rosh Ashana, allí lo llamaban en idish Peisaj y Roshashune. El idish fue el idioma judio que escuché de mis tías maternas , Bobe Elena y Sheide Martin, nunca lo aprendí. 


El colegio secundario lo cursé con amigos judios y cristianos, me case en un templo, solo tuve hijas mujeres.

En Iom Kipur iba al shil cuando terminaba el evento, saludaba a mi mamá que alquilaba todos los años un asiento, ella respetaba el ayuno. 


Tengo que reconocer que ser judio nunca fue un problema para mi y no escuche que lo fuera para la gente judía que conocí en mi estancia en Argentina.


Emigramos  de un país en el que tuve sentido nacional por muchos años, estaba orgulloso de ello hasta que poco a poco, fueron ocurriendo sucesos que deterioraron sensiblemente el amor a la patria. Vivir en un suelo en el que ya perdiste la sensación de ser y pertenecer, es asfixiante, nos tuvimos que ir y la opción fue Israel.


Cuando llegamos en el año 2002, empecé a darme cuenta de lo que significa ser judio, me interesé por cómo era la situación  de los judios de la diáspora, principalmente al estallar algún conflicto bélico. 

Fui recibiendo mucha información,comencé a tomar conciencia de las situaciones, buenas y malas que soportaron los judios del mundo.


Me enteré que en la segunda guerra mundial, la matanza de judios fue culpa fue de los alemanes con la complicidad de muchos europeos. Barcos repletos de refugiados judios que escapaban de una muerte segura, fueron rechazados por países que creíamos amigos.


Supe lo que fue pasando en la historia: persecuciones, progroms, aislamiento social y otras calamidades vividas por comunidades hebreas.


Ahora vivo en Israel, en el epicentro del judaísmo. El as en la manga que todos los judios del mundo tienen y lo pueden utilizar cuando lo crean conveniente, la llamada “Ley del Retorno.”


Mi familia y yo lo utilizamos, no somos sionistas ni religiosos, pero estamos aquí luchando para conservar lo que tanto costó lograr: un Estado para los judios del mundo.


Ya son veintitres años donde pasaron muchas cosas, buenas y malas, bastante tiempo tratando de integrarnos, convivir con diferentes costumbres, no siempre lo logramos.


Me di cuenta que siendo judio, tengo algo en común con mi vecino, ambos tenemos los mismos enemigos que no nos quieren en este mundo. Eso nos une y luchamos contra ellos, nuestras batallas deben terminar en triunfo porque no tenemos otra alternativa si queremos seguir existiendo como pueblo viviendo en su propia nación.


Con todo  lo que está pasando, en lo personal no recupere el sentido de ser y pertenecer, me uno a mis vecinos porque juntos seremos más fuertes, cuando dejemos de ser amenazados con la aniquilación, creo que volveré al estado anterior.


Mi judaísmo es ancestral y me siento orgullosos de ello, se que a lo largo de la historia, ha contribuido y lo sigue haciendo con aportes en el que se beneficia toda la humanidad. 


No tengo motivos para quejarme de actos provocados por judios de los que no estaría orgulloso. Reconozco que además, tenemos algo que nos une y es una escala de valores que le dieron al mundo normas para poder vivir en forma civilizada.


La realidad es que no todos lo asumieron, por eso las matanzas, guerras, conflictos sangrientos que compartimos pero que no adoptamos y, si lo hacemos, es en defensa propia.


Los logros obtenidos son una característica que los destaca, lamentablemente aquí chocamos con una de los peores defectos que tienen los seres humanos: la envidia.


Tantos éxitos en todo los aspectos, para muchos es ofensivo y lo manifiestan de distintas maneras, algunas muy violentas.

El triunfo, los logros obtenidos ya sea por un esfuerzo incansable y habilidades natas que los hacen posible, para muchos es imperdonable y se preguntan: porque ellos y no nosotros. Esa forma de pensar, va generando un sentimiento negativo que explota en algún momento.


No podemos ni debemos pedir perdón a nadie por ser exitosos, los que no nos quieren, deberán convivir con ello y nosotros con ellos, así fue y así será por los tiempos de los tiempos.


Marcelo Keselman 

27/12/25

Jarish (Israel)


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