Fatal Error
Fatal Error
Era un edificio ubicado en la esquina de Cabildo y Mendoza, el quinto piso lo ocupaba una empresa importadora de maquinaria.
Ya hacía cuatro años que trabajaba allí, era secretario del jefe del sector, al lado de mi escritorio se sentaba Rafael, teníamos el mismo rango pero distintos jefes.
Parecía un miércoles como cualquier otro, cuando llegue al trabajo, Rafael trabajaba en sus tareas, lo salude con un “buenos días”, no levantó la cabeza, no me vio y tampoco me contestó. Algo no andaba bien, me senté y lo vi mirando los papeles que tenía sobre el escritorio, era evidente que no los leía, solo los miraba sin apartar la vista de allí, con un tono más fuerte intente saludarlo.
–¡Buen día Rafael! ¿como estas?, -nada ,, me pare y me acerque a su lado, le di un empujoncito en el hombro, inclinó la cabeza hacia mi, sus ojos llorosos denotaban que no se sentía bien.
–Hola Raul, me dijo sin fuerza ni convicción, siguió clavando su mirada en el papel para retomar sus pensamientos en donde los había dejado.
Por delante de él paso su jefe, lo saludo y el no contestó,, se acercó y le pregunta:
–¿Está usted bien Rafael?, este sorprendido lo miró y le contestó.
–Si señor, solo me distraje con mis pensamientos.
–Mire Rafael, yo necesito y la empresa necesitamos que en cuanto usted cruce la puerta, esté cien por ciento enfocado en su tareas, se que sabe que los temas que maneja no admiten errores, ¿de acuerdo?
–Sí señor le prometo que no volverá a ocurrir
–Eso espero,- y se alejó de allí.
–Algo te pasó o te está pasando, me tienes que contar, ahora no, al mediodía cuando salgamos a la plaza para comernos el sandwich como todos los días,- te digo.
Al mediodía, salimos juntos. cruzamos la avenida, buscamos un banco de madera verde con respaldo, nos sentamos.
–Bueno larga el rollo te escucho, le digo a Rafael, este se quedo pensativo mientras masticaba el primer mordisco.
–Ayer tu no estabas, decidí bajar solo, en el banco que siempre ocupamos, había sentada una señorita entre 25 y 30 años, pelo lacio rubio, bien bonita, estaba llorando, eso me conmovió, me senté a su lado, para romper el hielo lo ofrecí un pedazo de mi sandwich que no acepto, negando con su cabeza, note que se alejo mas de mi, era evidente que su humor no estaba para establecer contacto con un desconocido. No dejaba de llorar, se golpeaba los muslos con sus puños cerrados mientras balbuceaba:”me quiero morir, me quiero morir, ya no aguanto mas”.
Rafael se sentía impotente, como podria ayudarla, ni siquiera sabia cual era su problema, intentó establecer una comunicación y le dijo:
–Yo me llamo Rafael ¿y tu?,- ni lo miro
–Quiero ayudarte si me cuentas tu problema,- solo le dijo:
–Nadie puede ayudarme,
–Cuéntame habla conmigo, respira profundo, otra vez y otra vez -insistió Rafael, de pronto parecía haberse calmado,
–¿Cómo te llamas? le pregunta Rafael
– Rosa,- contestó sin mirarlo.
–Gusto en conocerte Rosa, estoy aquí para ayudarte, todavía me queda medio sandwich, cómetelo te vas a sentir mejor,- esta vez aceptó y en tres bocados lo termino.
–Tómate mi jugo, ya no quiero más,- se lo bebió todo, fue una buena idea porque estaba mas calmada, suspiraba cada rato.
–¿Quieres hablar conmigo, cuéntame tu problema, eres casada, tienes hijos, tu marido te abandonó?, sorprendida le pregunta:
–¿Como sabes tu todo eso, es justo lo que me esta pasando, mi hija de seis años ahora estará a cargo mío, estoy sin trabajo, me van a desalojar porque no pudimos pagar los últimos seis meses, no tengo a donde ir,- volvió a llorar desconsoladamente.
–¿Que vas a hacer ahora, a donde iras?
–A tomar el tren, voy a buscar a mi hija al colegio,- le dijo con los ojos llorosos y balbuceando.
–Te acompañaría hasta la estación, yo trabajo en frente, ya se me hizo tarde debo regresar, intercambiemos nuestros teléfonos, cuando salga te llamo y me cuentas como estas.
–Agradezco tu preocupación, después hablamos, se saludan y volví a la oficina.
–¿La dejaste sola en su estado y te fuistes?,-le preguntó
–Mientras caminaba a la oficina dudaba si debía acompañarla o no, fui a ver a mi jefe y le pedí permiso para volver a salir, me lo concedió.
Desde la vereda, mire para saber si todavia estaba alli sentada, observe los alrededores, tampoco, me acordé que debía viajar en tren, me dirigí a la estación caminando lo mas rapido que podia, me llamo la atencion un tren detenido obstruyendo el paso a nivel, comencé a correr porque tenía un mal presentimiento, llegaron los bomberos, la gente curiosa quería ver de qué se trataba, le pregunto a alguien parado allí si sabía lo que había pasado y me cuenta:
–Estaba parado en el andén, como a treinta metros había una joven llorando, estaba muy al borde, vi llegar el tren y ella no se movía de allí, algo me distrajo del otro lado, cuando volví a mirar la llegada del tren, la joven ya no estaba, el griterío de la gente me alertó, no quise ver pero sabia que habia saltado, pobre alma, vaya a saber que drama tenía para tomar esa decisión.- me quedé mirando al hombre sin hablar, los bomberos habían rescatado el cuerpo, pasó al lado mio y reconocí su vestimenta.
No podía saberlo pero acababa de cometer el peor error de mi vida, nunca debí dejarla sola.
Marcelo Keselman
Harish (Israel)

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