Abri el viejo Baul
Abrí el viejo baúl
Abrí el viejo baúl, saque un par de objetos y allí estaba, solo mirarlo me trajo a la mente aquel sepultado recuerdo.
Era un sobre amarillento que contenía una fotografía. Antes de verla, ya sabía de qué se trataba y porque la había puesto allí.
Ofelia Gloria Fridlewsky, mi primera novia.
En su momento, hace ya muchos años, pensé que conservarla podría molestar a Mirta, tampoco quería deshacerme de ella.
No fue mi primer amor, solo fue mi primera novia, aún así, marcó el comienzo de mi adolescencia y, la relación sentimental con una mujer.
Vivía en el barrio de Villa Urquiza de la Capital Federal, con una hermana menor y sus padres, conformaban una familia judía tradicional.
Yo tenía 14 o 15 años, Con Mario eramos mas que primos,teníamos una química increíble, era tanto lo que nos divertía el estar juntos que muchas veces me quedé a dormir en su casa.
Marita, prima hermana de Mario, fue quien nos acercó a su grupo de amigos.
Los jóvenes de mi edad, normalmente nos juntabamos en la casa de alguno para pasar el rato charlando y bailando. Esos eventos tienen un nombre, “asalto"
En aquellos tiempos las parejas que se formaban y empezaban a salir juntos, se decía que estaban noviando.
Fue en la casa de Paloma, otra chica de la barra, donde conocí a Ofelia.
En el grupo había dos Jorge, a uno lo llamábamos Jorge el rubio por el color de su pelo enrulado, salía con Aída , el otro Jorge, noviaba con Alicia. Mario, Marita, Ofelia y yo, aun no teníamos pareja.
Sabía que Ofelia gustaba de mi, la invité a que saliéramos al balcón a charlar. Allí, en una noche tranquila y agradable , le di el primer beso a una mujer.
En aquellos asaltos, los lentos de Poul Anka, Neil Sedaka, Los Panchos, eran los preferidos. Bailar muy juntos era la verdadera diversión.
Si bien intente iniciarme sexualmente con mujeres de pago, siempre había fracasado. Así descubrí que el impulso sin motivacion no era suficiente para mi. Con Ofelia , nos iniciamos. no puedo decir que fue placentero pero lo hicimos. Noviamos casi un año.
Con el tiempo, el grupo se disolvió.
Bety, compañera de la escuela de Ofelia, empezó a salir con mi amigo de la infancia Abel. Compartimos gratos momentos aunque no duró mucho.
La terrible noticia no tardó en llegar, fue Ofelia quién sollozando me dijo: "nos vamos a vivir a Israel".
Fueron muchos momentos tristes que vivimos a partir de allí hasta su partida. Nos prometimos muchas cosas que no cumplimos.
Por un tiempo intercambiamos cartas que se fueron diluyendo con el tiempo.
Bety me contó, que era tal la desesperación de Ofelia que quería que yo la dejara embarazada para llevarse algo de mi. Nunca llegó a proponérmelo tal vez, porque imaginaba que no me asociaría en esa locura.
El día de su partida, con Abel y Bety fuimos al puerto a despedirla.Ya había embarcado con su familia. De pronto, la vimos asomarse por la barandilla de una de las cubiertas.
Un poco a los gritos, gesticulando y ayudándonos con las manos, queríamos saber si le había gustado el camarote y el resto del barco. Solo había conocido su camarote ya que su madre, no la dejaba deambular sola por el barco.
Habían sacado las escaleras de abordaje, un tremendo sonido nos aturdió, la bocina del barco anunciaba la partida. Ella y nosotros solo nos movimos para agitar las manos hasta que no la vimos más.
Volviendo del puerto, mi cara lo decía todo, Un ser querido que se alejaba de mi vida posiblemente para siempre, era una novedad que debía digerir y seguir con mi vida. No recuerdo que pensaba en ese momento, seguro que no era lo que debía hacer el día después.
Caminábamos sin hablar hasta que Bety me dice: -tengo una amiga para presentarte-. Se que lo decía para reconfortarme, pero el efecto en ese momento fue todo lo contrario. No le respondí nada, continué caminando mirando el suelo tratando de entender.
Era amiga de Ofelia, el barco todavía se veía en el horizonte. Sabía las promesas que nos hicimos, entre otros planes, cumplir 18 y regresar a la Argentina a mi encuentro.
Estaba de mal humor, lo que me propuso Bety, lo empeoro.
Podía haber reaccionado mal, pero no hice. Ella era la novia de mi mejor amigo y reaccionar mal, podría afectar esa amistad.
Cuando llegué a mi casa, comencé a escribirle la primera carta. Sentí que así, seguiría comunicándome con ella. Decidí no contarle nada de lo que pasó con Bety. A Ofelia, le esperaban días difíciles hasta su adaptación, contándole lo sucedido no la ayudaría.
Pasado unos días, me llama Bety por teléfono, me pregunta como estoy, ya más calmado preferí dar vuelta la hoja, como si nada y le dije: -bien y tu ?, -muy bien-, me dice “. -Tengo una linda noticia para darte-,
-a si, que bien, de qué se trata ?-. -Nos invitaron a una fiesta de 15 años Es el cumple de la chica que te quería presentar-. Me quedé en silencio sin saber qué contestar.
Los días transcurridos desde la partida de Ofelia me sirvieron para darme cuenta que esa relación estaba condenada, pensar en otra cosa sería una utopía,-que bueno cuando es-?,le pregunté, -este Sábado-,
-Ok, vamos a ver de qué se trata-.
Ahora, después de 60 años me doy cuenta que ese ok, cambió mi vida para siempre, la misteriosa chica era ni más ni menos que Mirta, mi actual esposa.
Ofelia ya en Israel, continuó enviando cartas contándome cómo se adapta a su nueva vida. Estaba contenta por las nuevas experiencias que iba teniendo. Nunca le conté que salía con Mirta, fueron compañeras del mismo colegio aunque no tenían ninguna relación.
Tiempo después supe que se fueron a vivir a USA, ella se quería quedar en Israel, pero todavía menor, no la dejaron.
Después de varios años, se casó y tuvo 2 hijos varones.
Su hermana de visita en Argentina, me llamó por teléfono porque Ofelia quería saber de mi. Yo estaba casado con Mirta y tenía mis cuatro hijas.
Me contó que se había divorciado y vivía sola. Sus hijos ya grandes tenían su vida independiente.
Cuando volvimos a Buenos Aires, trabajaba de representante de ventas de empresas importadoras de máquinas herramientas. Estando en un cliente, alguien me llama por teléfono.
Escuché su voz diciéndome: Marcelo?, no le pregunté quién era, su voz la delató. Era la misma que había escuchado en largas charlas telefónicas cuando salíamos juntos. Mientras ella hablaba, en mi mente veía la imagen de la Ofelia de 15 años. Como en un viaje en el tiempo, estaba hablando con la misma persona que tanto había significado en aquel entonces.
La invité a que viniera a visitarnos, quería presentarle a mi familia, y aceptó.
Al regresar del trabajo, ya había llegado, cuando la vi, la realidad se me cayó encima. Aquella Ofelia, ahora era la misma pero distinta, muy distinta. Yo también había cambiado y mucho.
Después de un rato agradable, la acompañé hasta la calle para despedirla. No recuerdo que nos dijimos.
Pasado algunos años, me llama su hermana para decirme que había tenido un ataque cerebral y estaba en coma.
A los pocos días falleció.
Las circunstancias de la vida, nos habían enviado por caminos diferentes. Me dio la impresión de que a ella no le fue muy bien, eso me dio pena.
Volví a guardar la foto en donde estaba, tome los objetos para ponerlos en su lugar. Su forma de madera con tapa me hizo recordar que allí también había fotos. Por curiosidad abrí el primero, las mire rápidamente, era un popurrí de distintos tamaños, ninguna me llamó la atención.
Tome el otro, hice lo mismo, todas pequeñas en blanco y negro. Las identifique rápidamente, eran imágenes de un momento de mi vida que recuerdo con mucho cariño.
Son historias que merecen ser contadas.

Comentarios
Publicar un comentario
Gracias por expresar tu opinion que valoro y me ayuda a mejorar el material que voy crando