Historia de una mujer que experimenta violencia física y psicológica
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Ni lo bueno ni lo malo duran para siempre

Yolanda Sanchez, nació el 4 de Octubre de 1984 en Añatuya en la provincia de  Santiago del Estero, República Argentina.
Era la mayor de tres hermanos varones y cuatro hermanas.
Su madre Amalia, se casó con Alfonso Iñiguez, trabajaba de albañil haciendo tareas de albañilería, su trabajo no era constante, sus ingresos tampoco.
 
Tanto tiempo sin nada por hacer, se volcó a la bebida.Sus borracheras no fueron pacíficas, la violencia se instaló en su humilde casa, primero con Amalia y luego con Yolanda, nada lo conformaba ni le venía bien.


Su desahogo era violar a su esposa sin importarle quien esta cerca. Así fueron llegando más hijos que a medida que crecían fueron víctimas de su padre. 

La cirrosis terminó matándolo, nadie lo lloró solo Amalia que se quedó a cargo de toda la familia. Se empleo de sirvienta en una casa de gente acomodada, mientras Yolanda reemplaza a su madre con la crianza de sus hermanos y las tareas de la casa.

Así fue pasando el tiempo hasta que Amalia se juntó con Juan que la conocía porque fueron juntos al primario.
Este, se convirtió en el padrastro de los hijos, él nunca se había juntado con nadie y no tuvo descendencia.
Juan también hacía changas de todo tipo, nada constante ni lucrativo.
Yolanda, que a los dieciocho años era de tez semita, cabello largo siempre bien peinado y buen cuerpo, llamaba la atención de los jóvenes del barrio, sus ocupaciones no le permitían relacionarse con nadie. 

Una tarde después del almuerzo Yolanda le sirvió que le había dado de comer solo a Juan. Sus hermanos estaban en la escuela y comían allí, al igual que su madre que recién regresaba después de las 18 hs.

El abundante vino nubló la vista de Juan y despertó su instinto sexual. Cuando Yolanda estaba en la pileta lavando los platos, se paró tambaleante, se acercó detrás de ello y con sus dos manos la tomó por sus senos. La reacción de Yolanda fue inmediata, logró zafarse e intentó cachetearlo, no pudo hacerlo, los brazos firmes de Juan no se lo permitieron. Yolanda impotente, comenzó a gritar e insultar hasta que un sonoro cachetazo en su cara, la calmó.
 
–Estamos solos y no te resistas porque te voy a pegar,-le dijo a los gritos. Ella intentó nuevamente pegarle patadas, propinando insultos y amenazandolo con que se lo contaría a su Madre.
–Si se hace la loca también va a cobrar ella,- dijo él forcejeando con ella  y arrastrarla al camastro más cercano, la empujó y se le tiró encima. Sus manos recorrían las partes de Yolanda hasta que el cansancio la invadió y se rindió a su apetito.

Ella era virgen lo que empeoró su situación, el dolor era espantoso y no dejaba de llorar hasta que terminó.
Se paró, acomodó sus ropas y sin decir una palabra, se fue.

Yolanda en la cama siguió llorando, había dejado de ser virgen de la peor manera, se calmó, fue al baño, limpio sus partes, se acomodó el cabello frente al espejo y se quedó mirando su cara.

No podía creer lo que le había pasado, sus pensamientos confusos la aterraban, ¿se lo contara a su madre?, ¿lo echara y se quedaría sola otra vez?, ¿lo volvera a hacer?. Muchas preguntas sin respuestas. 

A las cinco regresaron sus hermanos y a las 18:30 hs su Madre a la que trato de no mirarla a la cara.
Una mezcla de verguenza e indignacion y la falta de oportunidad, con su familia dando vueltas, solo le contestó a su Madre cuando le pregunto:

–¿Cómo fue tu día hija?, un nudo en la garganta no la dejo contestar, balbuceando dijo:
–Biiien Mami, todo bien,- sin mirarla
–Dime Yolanda ¿estuvo Juan por aquí?,
–¿que hago que le digo?, se pregunta dubitativa
–¿estuvo o no?,- volvió a preguntar.
–Si mami, estuvo, le di de comer y….,-se quedó callada
–Y que, ¿dónde está?
–Tomó su herramientas y se fue.- lo que no era verdad.
–Seguramente fue a hacer una changa, ya vendrá, me voy a recostar un rato, estoy muy cansada. 
Pasaron las horas, cenaron, sus hermanos se fueron a dormir, se quedó Yolanda con su mamá sentadas en la mesa.
Amalia viendo lo tarde que era, hablaba sola:
–¿que raro que Juan todavía está afuera, nunca trabaja tan tarde,- diciendo así mismo. Esa noche el padrastro no regresó, solo lo hizo al otro día el mediodía.

–¿Qué hay de comer?, le pregunta a Yolanda sin mirarla. ella no le contesta, se para enojado la toma del pelo y le dice:
–Vine a almorzar y me vas a servir comida ya, si no quieres que te haga lo mismo que ayer.
El terror que sintió la impuso a prepararle un plato de comida para él.

Después de almorzar y varios vasos de vino encima, se fue a donde estaba Yolanda, la tomó del pelo acerco su cara a la de ella y susurrando le dice:

–¿Te vas a portar bien hoy,putita?, tirándola otra vez sobre la cama y con mucha violencia volvió a penetrarla. 
La puerta se abre de golpe y entra su Madre que, al ver lo que estaba pasando, con el rostro desencajado, toma a su hija de los pelos y gritando le dice:

–Que habías sido zorra, ancamándote con mi pareja.- Intentó hablar pero no pudo hacerlo por los cachetazos que recibió de su madre.

–No te quiero ver más en esta casa, toma tus trapos y vete para siempre. Así lo hizo, en pocos minutos y llorando se fue de la casa.  

Solo sabía donde vivía su única amiga que conocía del colegio, se fue hasta allí, golpeó su puerta y llorando le contó su drama. Viviana se apiadó al verla en ese estado, la dejó pasar, se tranquilizó, le pidió disculpas y le preguntó si la podía ayudar.

Hablaron de las alternativas posibles y llegaron a la conclusión que debía irse del pueblo a Buenos Aires, allí tenía una prima que podría ayudarla al principio. Una carta de Viviana para explicarle la situación y dinero para el viaje, que Yolanda prometió devolverle. 


Viajó muchas horas y llegó a una ciudad, en la que nunca había estado, habló por teléfono con la prima que le explicó cómo llegar a su casa. 

Consiguió un trabajo en una fábrica, alquiló una pieza e inició una nueva vida.
Era bella y comenzó a salir con alguien de su edad, después de un tiempo se casó y tuvo dos hijos. 


Nunca le contó a su esposo su triste historia. Se encontró con alguien que vivía en el pueblo, fue así que se enteró que a su hermana, que tenía un año menos que ella, le pasó lo mismo pero, su reacción fue diferente, mientras Juan dormía, tomó un cuchillo de la cocina y lo mató.
Su mamá, habiéndose dado cuenta que las culpas no eran de sus hijas, salió en defensa y la liberaron. 

Yolanda extrañaba a su madre y hermanos, mediante cartas, la madre le pidió perdón y la invitó a visitarla con su familia, para conocer a su esposo y sus nietos.


Ya habían pasado cinco años, llegó el reencuentro feliz, fueron varios días de relatos y alegría
El pasado de Yolanda había quedado guardado dentro de sus secretos más oscuros, aún así, tuvo una vida  feliz.

Marcelo Keselman
31/12/2024
Harish



 

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