A la conquista de Israel

El 10 de junio de 2002 con Mirta de 54 años y yo de 55 llegamos a Israel de noche, 

baje las escalerilla del avión y llamó mi atención ver que varios se arrodillan y besan el piso, para no ser menos hice lo mismo, gracias a que mi esposa vio que no podía pararme intentó ayudarme, los que notaron lo que sucedía, se acercaron y pudieron levantarme. 


Sonrojado por el esfuerzo o la vergüenza, no lo se, acomodé mis ropas, tal vez creyeron que me había caído porque me preguntaban si me sentía bien. 

–¡estoy bien gracias, no pasó nada!, tomé el bolso de mano y seguí caminando.

Es la primera vez que digo la verdad sobre lo ocurrido.

Nos despedimos de Jorge y Sara, no éramos amigos aunque nos conocíamos desde hace mucho tiempo. Ellos iban a Kfar Sava y nosotros a Ashdot. 

En el merkaz klitá Beit Canada, nos esperaba una sorpresa, un grupo de olim que no conocíamos pero que habían llegado en estos días, se organizaron para recibirnos a la entrada del Mercaz, así lo hacían con todos los recién llegados.

Fue un lindo gesto, aprecie aún más, cuando también se encargaron de subir al tercer piso por escalera las pesadas maletas que trajimos.

El que llevó la más pesada, ignoró el motivo, pero volvio a acercarse a nosotros.

También había refugiados que vivían allí, personas que por su situación, les permitían ocupar el lugar el tiempo que quisieran.

Cuando pase frente a una de sus habitaciones, vi que no se preocupaban por cerrar la puerta, había un grupo de mayores y menores arrodillados y comiendo sobre una alfombra bordada típica.

En una oportunidad, hacia mucho calor, fuimos a una reunión en el Mercaz, una mujer Irani, se paró al lado mío, llamó mi atención el traje multicolor bordado que llevaba puesto pero, lo que me impactó, era el perfume natural que irradiaba, producto del efecto que le causaba la temperatura reinante con su ropa inadecuada para la estación.

Instalarte en un país extraño, las dudas se van acumulando y las respuestas van llegando de a poco, encontrarse con un grupo de similar costumbres e idioma, sirve para suavizar el inevitable impacto.

Pronto comenzaremos a asistir al ulpan, allí aprenderemos el idioma hebreo. Los que saben inglés, podían arreglarse mejor, los que no, como nosotros, debíamos buscar las formas.

Éramos muchos los latinos, cuando aparecieron necesidades elementales que nos implicaba salir a la calle y comprar lo básico, debías dejar la timidez y arriesgarte. Si lo que buscas está a la vista, nuestra experiencia de haber jugado tantas veces “al oficio mudo,” nos ayudó. Nunca pensé que mi dedo índice, sería tan importante.

Asistir al ulpan me significó volver a sentarme en un pupitre algo que no hacía  desde el colegio secundario como alumno.

Los olim, nos juntábamos por etnias, los latinos, rusos y ucranianos eran los grupos.

Veníamos de lugares muy distantes, lo único que teníamos en común la mayoría, eran nuestras raíces judaicas y también, no saber hablar el idioma nacional. Solo los miraba, si nos cruzábamos de frente una suave sonrisa era lo máximo que hacíamos, intentar mantener una conversación, imposible,,. 

En esa época se jugaba un campeonato mundial de fútbol, nos dijeron que cerca había una confitería con mesas afuera, donde se podían ver en un televisor los partidos que se transmitían.

Cuando jugó Argentina, una de las mujeres fanáticas, se vistió con la camiseta típica, a la hora del partido y en medio de la clase, los Argentinos nos fuimos a ver el encuentro.

Al regresar, la Morá no pudo entender nuestra actitud y nos lanzó una perorata en hebreo que por suerte no entendimos, aunque imaginamos por sus gestos.

A los dos meses, nos obligaron a mudarnos de allí, nuestra intención era vivir en Raanana y terminamos viviendo 20 años en Kfar Sava.

Continuamos estudiando, éramos Argentinos, Rusos y otros que componían el alumnado.

Mi problema auditivo, no me ayudaba, era más lo que no entendía que lo que podía interpretar. Con la gramática me llevaba bien, todo cambiaba cuando me hablaban, hasta hoy me sucede lo mismo.

Algunas palabras intenté memorizarlas mediante la asociación en español, así aprendí que “golesh,” que significa navegar por internet, la podía asociar con “goleta”, que es una embarcación. 

Mucho tiempo creí que cuando la Morá decía “simuleb”, en realidad decía “disimulen”, hasta que supe que no significa lo mismo.

Cuando necesitaba algo específico de la ferretería o librería, buscaba la palabra en el diccionario, así fui incorporando más vocabulario.

Se me secaban los ojos, fui a la farmacia y con total seguridad le pedí a la empleada “otiot bishil abeinaim”. Ella me entendió, apenas sonrió, me trajo las gotas y me convencí de que había podido desenvolverme sólo. Cuando le conté a Mirta lo sucedido, la carcajada de ella me sorprendió, me hizo ver que le había pedido “letras para los ojos”. y debía haber dicho “tipot”

A pesar que pronto me di cuenta de que en Israel, nadie se ríe de tus errores del lenguaje, te corrigen como algo natural, eso me gustó y me dio confianza para animarme a hablar, el gran problema era y es tratar de entender cuando me hablan, “slija ani lo mevin tov ibrit”, fue la frase que nunca olvide y tal vez la más usada en mi vocabulario.

En Israel, en varias oportunidades si alguien pretendía entablar una conversación y no quería decir que no entendía, asentía o negaba con la cabeza. ¿Si servia o no?, habría que preguntarle a ellos.

El dominio del español en la Argentina, me permitió desenvolverme muy bien, aquí nunca pude dejar de sentirme como un analfabeto.

Ahora a mis 78 años, trato de rodearme con gente de mi lengua pero, me ocurre algo que cuando lo cuento, parece un chiste:

“ me estoy olvidando de muchas palabras en español y tampoco las he aprendido en hebreo, esto me lleva a la conclusión, que pronto me quedaré mudo”. 

Marcelo Keselman

30/01/25

Harish


Comentarios

Entradas populares de este blog

Mi Mama

Abri el viejo Baul

Zapala